Hace 50 años, un evento histórico cambió la exploración espacial. El hombre llegó a la Luna.
En ese momento, resonaron las famosas palabras. «That’s one small step for man, one giant leap for mankind.» Estas palabras encapsulan la magnitud de este logro monumental.
Sin embargo, detrás de este gran paso, no solo están los nombres de los astronautas. Ellos pisaron la superficie lunar. También está el esfuerzo titánico y la inteligencia brillante de muchas personas. Ellos hicieron posible esta hazaña.
Hoy, queremos rendir homenaje a dos mujeres extraordinarias que jugaron un papel crucial en esta misión histórica. Gracias a su dedicación y talento, los astronautas pudieron despegar, alunizar y regresar a casa sanos y salvos. Estas heroínas son Katherine Johnson y Margaret Hamilton, cuyas contribuciones fueron fundamentales para el éxito del programa espacial.
Katherine Johnson alcanzó la impresionante edad de 101 años. Fue una matemática excepcional. Sus habilidades fueron vitales para realizar los cálculos necesarios que permitieron dar ese gran salto hacia la Luna. Se enfrentó a desafíos complejos como: ¿La rotación de la Tierra afectará el viaje? ¿Cuál es la dirección correcta para llegar a nuestro satélite natural? ¿Qué tan rápido debían acelerar los astronautas para integrarse en la órbita lunar? En una época en que las computadoras eran del tamaño de una habitación, los códigos se manejaban en formas rudimentarias. Katherine y su equipo se convirtieron en el «cinturón de seguridad humano». Ellos aseguraban que cada cálculo fuera correcto.
Sin embargo, surgieron muchas preguntas inquietantes durante el proceso. ¿Podrían tres astronautas pilotar y cuidar del cohete al mismo tiempo? ¿Qué sucedería si algo fallaba en medio del vasto vacío del espacio? Aquí es donde entra en escena otra pionera: Margaret Hamilton.
Ella fue la encargada de programar la computadora de 35 kilos. Esta computadora supervisaría cada detalle operativo durante el viaje hacia la Luna. Su trabajo no solo fue técnico; fue un acto de valentía y previsión.
Era un momento crítico durante el descenso lunar. El módulo espacial estaba a punto de aterrizar. En ese momento, la computadora comenzó a saturarse. La vida de los astronautas estaba en peligro inminente. Pero Margaret había anticipado esta posibilidad; su código incluía una función de reinicio automático. En cuestión de segundos, la situación se resolvió gracias a su ingenio. Los astronautas pudieron completar su misión con éxito gracias a su preparación meticulosa.
El gran paso de la humanidad hacia la Luna no habría sido posible sin estas dos mujeres excepcionales que, en una era marcada por el machismo, la segregación racial y la discriminación, desafiaron todas las probabilidades.
Fueron apodadas «las computadoras con faldas» o «las computadoras de color», pero hoy sabemos que son auténticas heroínas cuyos logros son tan significativos como los de Buzz Aldrin, Neil Armstrong y Michael Collins.
La historia nos recuerda que tecnología y humanidad deben ir siempre de la mano. Mientras Katherine utilizaba lápiz y papel para sus cálculos precisos, Margaret trabajaba con un equipo futurista para crear software innovador. Juntas trazaron un camino hacia la Luna y hacia la inmortalidad en los anales de la historia.
Así que celebremos sus logros y recordemos que detrás de cada gran aventura humana hay historia, perseverancia e inspiración.

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