Cada vez que la Iglesia Católica elige a un nuevo Papa, el mundo entero espera con ansias una señal ancestral: la fumata blanca, el humo que emerge de la chimenea de la Capilla Sixtina y que indica que el cónclave ha llegado a un acuerdo. Este ritual, que ha perdurado por siglos, es una de las tradiciones más emblemáticas del Vaticano⁽¹⁾.
Origen de la fumata
La práctica de utilizar humo para anunciar el resultado de la votación papal se remonta al siglo XIII. En sus inicios, los cardenales quemaban las papeletas de votación, pero el color del humo no siempre era claro. Fue en 1958, durante el cónclave que eligió a Juan XXIII, cuando una fumata gris generó confusión entre los fieles. A partir de entonces, el Vaticano implementó un sistema más preciso: el uso de productos químicos para garantizar que el humo sea negro o blanco⁽¹⁾.
El proceso del cónclave
- Fumata negra: Indica que la votación no ha alcanzado el consenso necesario y que los cardenales seguirán deliberando⁽²⁾.
- Fumata blanca: Señala que se ha elegido un nuevo Papa y que el cónclave ha concluido con éxito⁽²⁾.
- Anuncio oficial: Minutos después de la fumata blanca, el protodiácono sale al balcón de la Basílica de San Pedro y pronuncia la famosa frase en latín: «Habemus Papam», revelando el nombre del nuevo pontífice⁽³⁾.
La fumata en la era moderna
A pesar de los avances tecnológicos, el Vaticano ha mantenido esta tradición como un símbolo de continuidad y solemnidad. En el cónclave de 2025, la fumata blanca apareció a las 18:08 horas, marcando la elección de León XIV como el nuevo Papa⁽³⁾. Miles de fieles reunidos en la Plaza de San Pedro celebraron el momento con vítores y oraciones⁽⁴⁾.
La fumata sigue siendo un evento de gran significado para los católicos y para el mundo, uniendo a millones de personas en la expectativa de un nuevo liderazgo espiritual. ¿Te gustaría conocer más detalles sobre el cónclave y sus procedimientos?

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