Antes de que la imagen de la Catrina se convirtiera en ícono universal del Día de Muertos, y antes de que José Guadalupe Posada la inmortalizara en sus grabados, existió un artista cuya influencia fue decisiva en la gestación de esta figura: Manuel Manilla, un dibujante y grabador mexicano del siglo XIX que, aunque menos conocido, dejó una huella profunda en el arte popular gráfico.
Manilla trabajó en la misma imprenta que Posada —la de Antonio Vanegas Arroyo— y fue pionero en la creación de calaveras literarias ilustradas, aquellas estampas satíricas que representaban esqueletos en escenas cotidianas, festivas o burlescas. Su estilo, cargado de crítica social y humor negro, sentó las bases para lo que más tarde Posada perfeccionaría y popularizaría.
Aunque Posada es ampliamente reconocido como el padre de la Catrina —originalmente llamada Calavera Garbancera —, muchos estudiosos del arte gráfico mexicano señalan que Manilla fue el verdadero iniciador de esta tradición visual, y que Posada, lejos de copiarlo, lo elevó a nuevas alturas gracias a su maestría técnica y su aguda sensibilidad política.
🕯️ Hoy, al contemplar las Catrinas que adornan altares y desfiles, es justo recordar que detrás de su elegante calavera con sombrero francés hay una genealogía artística que comienza con la mano de Manuel Manilla, el dibujante que encendió la chispa de una tradición que sigue viva más de un siglo después.

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