Si buscas una película familiar para divertirte, creo que Goat: La cabra que cambió el juego es ideal para este fin de semana.
Porque, si de algo estoy seguro, es que si llevas a tus hijos van a salir contentos, jugando e imaginándose como alguno de los personajes. Y es que, en serio, hay muchos personajes ideales para ellos: no solo los protagonistas, también varios secundarios que pueden conectar fácilmente con el público infantil. Y eso, como película familiar, es bastante positivo, porque le da vida no solo en salas, sino también cuando llegue a otras plataformas.
Tiene humor para todas las edades y, además, gracias al doblaje, incluye muchos chistes bien tropicalizados que, al menos en la función donde estuve, fueron muy bien recibidos. Tal vez esta percepción cambie en otras regiones de Latinoamérica, pero en México cada remate funcionó: no solo eran graciosos, también tenían contexto e incluso referencias a memes.
Los niños se la pasan en grande. Es una película sencilla en su trama, dura alrededor de hora y media, y maneja colores brillantes que no saturan. Aunque su estilo es similar al de otras producciones recientes del estudio, no se siente como una fórmula gastada. Logra tener identidad propia sin parecer un refrito de Spider-Man: Into the Spider-Verse ni de K-Pop Demon Hunters.
Tuvimos la oportunidad de asistir a la función de estreno, y vale la pena mencionar que la película viene de los creadores de Spider-Man: Into the Spider-Verse y K-Pop Demon Hunters.
Algo que, en lo personal, me gustó bastante es que los chistes no hacen pausa para que te rías. Son tantos y están tan bien colocados que simplemente suceden; la película no espera tu reacción, confía en que te reirás… o no. Y si no, no pasa nada: el siguiente chiste ya está en camino.
Otro aspecto fundamental es que su humor no se limita a lo físico. También hay humor textual, literal e incluso un toque ligero de humor negro en ciertas situaciones. Esto evita que todo recaiga en gags básicos, como el típico sonido de cabra —que sí aparece, pero no se abusa de él—, sino que lo reservan para momentos clave, incluso emotivos.
Esto hace que el humor sea muy disfrutable, porque la película pone todo sobre la mesa y tú decides qué tomar. Y si un chiste no conecta contigo, no importa: hay suficiente variedad para que encuentres otro que sí lo haga.
En cuanto a los personajes, el equipo protagonista sigue una estructura conocida: el que busca romper el paradigma, el profesional que se resiste, y ese personaje con una dinámica familiar exagerada que ya hemos visto en otras películas animadas, como Hotel Transylvania o El robot salvaje. Sin embargo, la película no intenta reinventarlos, sino aprovechar que ya los reconocemos para centrarse más en la historia principal y, sobre todo, en el humor, que es su verdadero objetivo: que te la pases bien.
El apartado visual es muy sólido. Cada frame está bien pensado, con una estética que por momentos parece una pintura. Hay intención en los encuadres, en la composición y en el uso de cámara, lo cual se agradece porque no se siente improvisado ni genérico. Y aun así, no cae en el exceso de querer lucirse: todo está integrado de forma natural a la narrativa.

Las escenas de acción son un verdadero agasajo. Son creativas, dinámicas y construyen un deporte que se siente fresco. Hay cierta inspiración en el estilo de series como Slam Dunk, especialmente en la forma de presentar a los personajes de manera heroica dentro del juego. Pero lo más interesante es cómo cada personaje enfrenta su propia lucha dentro de la acción, reforzando el tono divertido sin perder ritmo.
La película no busca darte una gran reflexión ni ser profundamente introspectiva. Sabe perfectamente cuál es su objetivo: entretener. Y lo cumple. No ignora las emociones de sus personajes, pero tampoco pierde de vista que su prioridad es que te diviertas.
El protagonista, además, resulta encantador. Rompe un poco con el molde del personaje berrinchudo: es alguien que acepta el reto, que se involucra y que, aunque sigue ciertas reglas, no pierde carisma ni propósito dentro de la historia.
En general, es una película muy divertida. Se disfruta, se pasa rápido y, sobre todo, deja contento al público infantil. Cumple perfectamente con lo que promete.
Podríamos analizar otros aspectos más a fondo, pero eso quedará para una reseña más detallada. Por ahora, lo importante es que es una de esas películas que vale la pena ver en el cine, que se sienten como una salida completa y que aprovechan la pantalla grande, especialmente en sus escenas de acción.
Así que, sin más, nos vemos en la sala viendo Goat: La cabra que cambió el juego.

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