- Mediante sensores es posible registrar cómo responde un edificio durante un sismo y obtener información cuantitativa para evaluar su comportamiento después del evento.
- Aseguran expertos que observar cambios en el inmueble, conocer sus antecedentes y recurrir a especialistas son acciones clave para evaluar sus condiciones tras un sismo.
Cada 19 de septiembre, los sismos de 1985 y 2017 vuelven a colocar la seguridad de las edificaciones en el centro de la conversación en México; pero para quienes viven o trabajan en un edificio, una pregunta importante surge después del movimiento: ¿cómo saber si la estructura está realmente bien?
En una ciudad construida sobre suelos con comportamientos distintos y donde las ondas sísmicas pueden amplificarse dependiendo de la ubicación, la respuesta no necesariamente puede obtenerse a partir de lo que una persona observa o de cuánto sintió moverse un edificio. Hoy, la ingeniería estructural cuenta con herramientas capaces de aportar información sobre cómo respondió una edificación durante un evento sísmico.
Una es el monitoreo de la salud estructural, que mediante dispositivos como acelerógrafos o sismógrafos instalados en distintos puntos de una estructura permite registrar su respuesta en un sismo y generar datos que pueden ser analizados por especialistas.
“El monitoreo de la salud estructural nos da un indicador cuantitativo del comportamiento que pudo haber tenido una estructura después de un sismo. Podemos conocer cuánto se desplazó el edificio y determinar, a partir de esa información, si se mantuvo dentro de los parámetros esperados o si se requiere una evaluación mayor”, explicó Esteban Astudillo, responsable del diseño estructural de University Tower®.
Esta tecnología complementa la inspección y el criterio profesional con información obtenida directamente de la respuesta del inmueble. Algunos edificios de CDMX ya se encuentran instrumentados con este tipo de dispositivos y, para determinadas edificaciones, el monitoreo está previsto en la normativa. De acuerdo con Astudillo, estos sistemas pueden registrar la respuesta del edificio y aportar indicadores cuantitativos después de un sismo.
Su utilidad cobra especial relevancia en la capital por las características de su subsuelo; el avance de la ingeniería permite hoy contar con información mucho más específica sobre el comportamiento esperado del suelo en distintos puntos de la ciudad. En las zonas blandas, las ondas sísmicas pueden amplificarse y afectar de manera diferente a los edificios dependiendo, entre otros factores, de su configuración estructural y cimentación.
Lo que está cambiando, por tanto, no es únicamente la capacidad de diseñar estructuras frente a determinados escenarios sísmicos, sino también la posibilidad de registrar lo que ocurre durante el movimiento y convertir esos datos en información para evaluar posteriormente su comportamiento.
¿Qué deben observar las personas después de un sismo?
Más allá de los avances tecnológicos para monitorear la salud estructural, la prevención requiere que quienes habitan un inmueble sepan qué hacer y qué aspectos considerar después de un movimiento sísmico:
- Atender las indicaciones oficiales. Después de un sismo considerable, es importante seguir las recomendaciones de Protección Civil y los protocolos establecidos por la administración del inmueble antes de regresar o permanecer en el edificio.
- No asociar movimiento con daño de manera automática. Sentir que un edificio se desplazó en un sismo no significa que haya sufrido daño estructural. Las estructuras se diseñan considerando ciertos desplazamientos y deformaciones; determinar si el movimiento afectó su integridad requiere una evaluación especializada.
- Observar cambios o irregularidades. Inclinaciones, hundimientos, deformaciones, grietas o cualquier cambio significativo que aparezca después de un sismo deben ser revisados por especialistas. La observación de los residentes puede ayudar a identificar señales que requieran atención, pero no sustituye una valoración profesional.
- Conocer la historia del inmueble. La antigüedad del edificio, la normativa vigente cuando fue construido, las remodelaciones, intervenciones o reparaciones realizadas a lo largo de su vida son información relevante para evaluar sus condiciones.
- Solicitar una revisión profesional ante cualquier duda. Particularmente en edificios que no cuentan con sistemas de monitoreo, una valoración especializada permite determinar las condiciones del inmueble después de un evento sísmico.
“Uno de los retos que tenemos como ciudad también está en los edificios que no son recientes y que fueron construidos con el conocimiento y las normas disponibles en otra época. Que una estructura haya pasado por un sismo anterior no significa que debamos dejar de ocuparnos de su condición; la prevención, el mantenimiento y las evaluaciones siguen siendo fundamentales”, apuntó Astudillo.
El señalamiento resulta relevante para una ciudad cuyo parque inmobiliario ha sido construido bajo distintas generaciones de conocimiento y regulación. Los sismos de 1985 y 2017 impulsaron cambios en la manera de entender el comportamiento de las estructuras, mientras que los avances posteriores han incorporado modelos de análisis más detallados, materiales de mayor desempeño y nuevas tecnologías.
En este sentido, haber resistido un sismo anterior no constituye, por sí mismo, una evaluación de las condiciones actuales de un edificio. Astudillo destacó que la experiencia de 2017 mostró que haber sobrevivido al sismo de 1985 no basta para asumir que una estructura siga siendo segura.
Una de las lecciones que han dejado los sismos es que la seguridad estructural no termina cuando concluye la construcción de un inmueble. Conocer sus condiciones, darle mantenimiento y evaluarlo cuando sea necesario son tareas que acompañan su vida útil, particularmente en una ciudad expuesta a movimientos sísmicos.
University Tower®, la torre residencial más alta de Paseo de la Reforma, fue diseñada considerando las características particulares del subsuelo de la zona. Su sistema estructural incorpora un núcleo central de concreto reforzado, marcos rígidos y anillos de rigidez; además, cuenta con 45 metros de subestructura y una cimentación que alcanza los 75 metros de profundidad.
En el diseño del proyecto también se utilizaron modelos para analizar su respuesta ante diferentes señales sísmicas, además de concretos de alta resistencia y un sistema de masa en la parte superior que contribuye al comportamiento de la estructura frente a movimientos laterales.
Para Astudillo, sin embargo, tecnología, normatividad e ingeniería deben estar acompañadas de una cultura permanente de prevención: “La ingeniería sabe cada vez más sobre cómo se comportan los edificios y cómo intervenirlos cuando es necesario, pero las personas también debemos conocer nuestros inmuebles, participar en los simulacros, tener planes de evacuación y atender las medidas de seguridad. La prevención sigue siendo una responsabilidad compartida”.
A 41 años del sismo de 1985 y 9 del ocurrido en 2017, y ante los eventos sísmicos que durante este año se han registrado en distintas regiones del mundo, el 19S vuelve a recordar que la prevención no debe limitarse a una fecha. Para quienes habitan una ciudad sísmica como la CDMX, el reto es permanente: conocer mejor los edificios que habitamos, contar con herramientas para evaluar cómo responden y estar preparados para actuar después de un evento.

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