Un equipo de astrónomos logró algo que nunca se había conseguido: captar señales de radio que salen directamente de un planeta fuera del Sistema Solar y no de la estrella alrededor de la que gira.
El protagonista es Beta Pictoris b, un gigante gaseoso situado a unos 63 años luz de la Tierra y con una masa de entre 10 y 12 veces la de Júpiter.
Los investigadores aclararon que no se trata de un mensaje artificial ni de vida inteligente: las ráfagas son un fenómeno natural, producido por las auroras del planeta, el mismo mecanismo que genera las auroras boreales en la Tierra y en Júpiter.
Cómo lo detectaron
El trabajo, encabezado por Kevin N. Ortiz Ceballos, Edo Berger e Yvette Cendes, del Centro de Astrofísica Harvard & Smithsonian, usó el radiotelescopio MeerKAT de Sudáfrica, una red de 64 antenas.
El sistema fue observado en cuatro ocasiones entre febrero de 2025 y mayo de 2026, en frecuencias de 0.85 a 3.5 GHz. En todas apareció una fuente de radio.
Para ubicar con precisión de dónde venía, el equipo usó como referencia nueve cuásares identificados por la misión Gaia. La señal coincidió con la posición de Beta Pictoris b y no con la de su estrella ni con la del otro planeta del sistema, Beta Pictoris c. Ese paso es lo que separa este hallazgo de candidatos anteriores, en los que era casi imposible distinguir planeta y estrella.
Ayudó que la estrella anfitriona es magnéticamente tranquila, lo que permitió aislar la emisión del planeta.
Un campo magnético descomunal
MeerKAT registró pulsos rápidos y repetidos, con una polarización circular de entre 40% y 70%, además de una emisión más débil entre ráfagas. Dos pulsos llegaron con unas ocho horas de diferencia, un intervalo cercano al periodo de rotación del planeta, aunque los autores lo toman solo como un indicio.
La frecuencia de las ondas permitió calcular el campo magnético del planeta: al menos 1,250 gauss, unas 200 veces más intenso que el de Júpiter y miles de veces más fuerte que el de la Tierra. Es la primera medición directa del campo magnético de un exoplaneta.
Por qué importa
Los campos magnéticos protegen las atmósferas de los vientos de sus estrellas, como el de la Tierra nos protege del Sol. Medirlos a distancia abre una vía nueva para estudiar la rotación, el interior y las atmósferas de mundos lejanos, y para evaluar cuáles podrían ser habitables.
El estudio está prepublicado en el repositorio arXiv, por lo que aún no ha pasado por la revisión de una revista científica.

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