Una larva de mosca del lago Malawi, en África, es capaz de soportar presiones equivalentes a las que existen a más de 370 metros de profundidad, según un estudio publicado en la revista Science.
Se trata de Chaoborus edulis, un insecto cuyas larvas tienen pequeños sacos de aire que, en teoría, deberían colapsar al bajar en la columna de agua, pues el gas en su interior se mantiene a una presión parecida a la de la superficie.
Para medir su límite, los investigadores colocaron ejemplares en cámaras que reproducen la presión de grandes profundidades. Los sacos aguantaron el equivalente a más de 400 metros, muy por debajo de lo que estas larvas alcanzan de forma natural.
El resultado pone en duda una de las explicaciones más aceptadas sobre por qué no hay insectos en el océano abierto: la presión del agua, por sí sola, no basta para justificarlo.
La clave está en la resilina, una proteína elástica presente en las paredes de los sacos, que cambia su volumen según el pH del entorno.
Evan McKenzie, coautor del estudio, señaló que esta resilina podría interesar a la ciencia de materiales para desarrollar materiales que cambien de forma en respuesta a su entorno químico.

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