La nave Psyche de la NASA ya enfila a toda marcha hacia el cinturón de asteroides. La agencia informó este jueves que, tras completar con éxito su asistencia gravitatoria en Marte, la sonda mantiene encendidos sus propulsores de forma casi continua para llegar al asteroide metálico del mismo nombre en el verano de 2029.
Desde el 28 de septiembre, la nave utiliza su sistema de propulsión prácticamente sin interrupciones y solo se detiene una vez por semana para comunicarse con los controladores de la misión en la Tierra.
“Ahora es ‘a fondo’ hacia el asteroide Psyche”, dijo Don Han, responsable de navegación de la misión en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA. Según explicó, los propulsores funcionarán cerca del 90% del tiempo desde ahora y hasta el encuentro con el asteroide, con pausas solo para actividades de ingeniería necesarias.
A diferencia de los motores convencionales, que queman grandes cantidades de combustible en impulsos cortos, Psyche usa un sistema eléctrico alimentado por energía solar que expulsa iones de xenón mediante el llamado efecto Hall. La fuerza máxima es de apenas 250 milinewtons, comparable al peso de sostener una pila AA, pero se acumula durante el viaje.
La nave cuenta con cuatro propulsores que operan de uno en uno y producen un característico brillo azul. En su velocidad máxima de crucero superará los 160 mil 900 kilómetros por hora respecto a un observador en la Tierra.
Para generar electricidad, Psyche despliega dos paneles solares en forma de cruz con una superficie de captación de 75 metros cuadrados. Despegó en octubre de 2023 con casi 1,090 kilos de xenón en siete tanques y en tres años ha consumido alrededor de un tercio de esa reserva.
Steve Snyder, ingeniero principal de operaciones de propulsión en el JPL, detalló que durante los próximos tres meses la nave operará a máxima potencia y después reducirá poco a poco hasta cerca de la mitad, conforme se aleje del Sol y sus paneles reciban menos luz.
El combustible restante alcanza para llegar al objetivo y para maniobrar en órbita durante la misión científica principal de dos años, en la que se estudiará un asteroide rico en metales que podría ofrecer pistas sobre la formación de los planetas rocosos.

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