La NASA dio por terminada la misión científica del Observatorio Neil Gehrels Swift, el telescopio espacial que durante casi 22 años cazó las explosiones más violentas del universo. La nave orbita ya a menos de 275 kilómetros de altura, donde la resistencia de la atmósfera le impide mantener sus telescopios fijos en un objetivo.
Swift realizó su última observación el 20 de octubre. Ese día entró en modo seguro y el equipo de operaciones de la Universidad Estatal de Pensilvania envió la orden que, en la práctica, apagó sus operaciones para prepararlo para su reingreso. La agencia calcula que el satélite caerá a la atmósfera en las próximas semanas, sin fecha precisa.
El final se aceleró por el aumento de la actividad solar, que hinchó la alta atmósfera y frenó al satélite. Una misión robótica de rescate de alto riesgo, que debía capturarlo y elevar su órbita, terminó en agosto sin intentar el impulso. Swift retomó entonces sus observaciones, pero eso volvió a aumentar la fricción y su caída se aceleró.
Lanzado el 20 de noviembre de 2004 para una misión principal de dos años, el observatorio trabajó más de diez veces ese plazo. En ese tiempo registró más de 2,000 estallidos de rayos gamma, estudió más de 1,400 supernovas, vio estrellas destrozadas por agujeros negros y sus datos alimentaron unos 7,000 artículos científicos.
Su gran virtud era la velocidad: detectaba un estallido, avisaba a otros observatorios y giraba sus telescopios hacia el punto en alrededor de un minuto. Así, en mayo de 2005 captó por primera vez el resplandor de un estallido corto, GRB 050509B, que duró apenas 0.03 segundos, y confirmó que estos eventos nacen probablemente de la fusión de dos estrellas de neutrones.
El archivo que deja incluye más de 1.5 millones de imágenes de su telescopio ultravioleta/óptico y suma cerca de 12 terabytes de datos públicos. La NASA reconoció que, sin Swift, deberá cubrir el hueco de respuesta rápida a eventos cósmicos con sus otras misiones mientras busca nuevas opciones.

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