Borrar tatuajes, el negocio en auge: por qué cada vez más personas se los quitan

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El láser de picosegundos, la estética «clean look» y el estigma social impulsan la demanda de remoción de tatuajes, según un análisis de RT.

Lo que durante años se consideró una marca para toda la vida hoy puede borrarse. Cada vez más personas recurren al láser para eliminar sus tatuajes, una tendencia que ha convertido la remoción en una industria en crecimiento, de acuerdo con un análisis publicado por RT.

La llegada de los láseres de picosegundos, que emiten pulsos de energía ultrarrápidos capaces de fragmentar el pigmento en partículas microscópicas, transformó el procedimiento y lo hizo más eficaz, menos agresivo y más accesible.

Un mercado que atrae inversiones

El crecimiento del sector ha llamado la atención de inversionistas. RT recuerda que en 2021 la cadena Removery, especializada en borrar tatuajes, recibió 50 millones de dólares y ya opera más de 150 centros en el mundo.

Los costos varían según el diseño: quitar un tatuaje pequeño puede costar alrededor de 600 dólares, mientras que uno grande y a color puede superar los 4 mil. La demanda es tal que muchos estudios ya ofrecen el servicio completo: tatuar, borrar y volver a tatuar.

El proceso no es inmediato. Se necesitan entre ocho y doce sesiones distribuidas a lo largo de uno o dos años. Jeff Garnett, cofundador de la empresa Inkless, explicó a la revista GQ que el olor que se percibe durante el tratamiento proviene de los folículos pilosos alcanzados por el láser, y no de la piel quemada, como muchos pacientes creen.

Estética, trabajo y estigma

Más allá de lo físico, el fenómeno tiene una dimensión social. En contextos de incertidumbre económica, señala el análisis, muchas personas optan por una apariencia más neutra, el llamado «clean look», asociado al lujo silencioso y al profesionalismo en ciertos entornos laborales.

RT cita un estudio de la revista PLOS ONE según el cual la percepción estética está influida por factores culturales, sociales y generacionales, por lo que los tatuajes pueden ser vistos como estigmatizantes, sobre todo en sectores vulnerables.

El medio menciona además el caso de las deportaciones de venezolanos desde Estados Unidos a una megacárcel en El Salvador, donde varios de los expulsados fueron señalados como supuestos integrantes del Tren de Aragua por tener tatuajes comunes, según un artículo del Vera Institute of Justice.

Así, borrar un tatuaje puede ser una decisión estética o, en algunos contextos, una estrategia de protección. «Quitar un tatuaje es como resetear. Es doloroso, pero también liberador», resumió Garnett.

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