El presidente de Francia, Emmanuel Macron, dirigió este domingo un mensaje a la nación desde el Palacio del Elíseo tras la jornada de protestas del sábado, que derivó en incendios de edificios públicos, saqueos y enfrentamientos con la policía en varias ciudades del país.
«Esta noche todos sentimos enojo y vergüenza», dijo el mandatario en la transmisión, emitida alrededor de las 20:30 horas de París (12:30 horas del centro de México). Aseguró que «nada justifica» la violencia «desenfrenada» y pidió distinguir entre quienes tienen «demandas legítimas» y quienes «destruyeron, rompieron y saquearon».
Según el Ministerio del Interior, el sábado hubo 2,397 detenidos y 997 policías y gendarmes heridos, siete de ellos de gravedad. Unas 550,000 personas salieron a las calles en todo el país contra el alza de los combustibles, el costo de la vida y el deterioro de los servicios públicos, en especial las escuelas.
«Pagarán los daños»
Macron afirmó que «quienes saquearon tendrán que pagar los daños y quienes buscaron derribar la República rendirán cuentas», y atribuyó los ataques a grupos de la ultraizquierda a los que, dijo, se sumaron «numerosos delincuentes».
También prometió «total transparencia» sobre la respuesta de las fuerzas de seguridad, criticada por haber sido insuficiente, y pidió al ministro del Interior, Laurent Nuñez, «sacar todas las lecciones necesarias», sobre todo en inteligencia y anticipación. Anunció que los prefectos podrán prohibir ciertas concentraciones y que trabajarán con los alcaldes para proteger comercios y edificios.
Horas antes, el presidente encabezó una reunión interministerial de crisis en el Elíseo.
Alcaldías incendiadas y comercios saqueados
En París, la policía reportó 855 arrestos, una cifra récord; la fiscalía informó que 517 personas seguían bajo custodia, entre ellas 171 menores de edad. Calles enteras amanecieron con autos quemados, vitrinas rotas y restos de barricadas.
En Limoges, en el centro del país, el ayuntamiento del siglo XIX quedó prácticamente destruido por el fuego. Su alcalde, Guillaume Guérin, dijo que la policía municipal se quedó sin municiones hacia las 15:30 horas y calificó lo ocurrido como «un fracaso colosal del Estado». En Marsella grupos encapuchados irrumpieron en el ayuntamiento y en una comisaría; en Lyon fue incendiada la histórica oficina de turismo y en Lille también fue atacada la alcaldía.
Las organizaciones de comerciantes calculan que más de 1,500 tiendas y negocios fueron saqueados, con pérdidas de decenas de millones de euros. Entre los heridos hay un joven de 17 años que perdió la mano derecha por una granada de dispersión en Saint-Étienne y una adolescente de la misma edad que perdió un ojo en Mulhouse, caso por el que se abrió una investigación policial.
Segundo día de choques
Este domingo por la tarde hubo nuevos enfrentamientos en la Plaza de la República de París: manifestantes quemaron bicicletas eléctricas y contenedores y lanzaron botellas y piedras, y la policía respondió con gas lacrimógeno y granadas aturdidoras.
Políticos de izquierda y de derecha pidieron la renuncia de Nuñez por la falta de previsión del gobierno. El primer ministro, Sébastien Lecornu, dijo que el gobierno no se dejará «intimidar» y culpó a la ultraizquierda y a delincuentes; el líder de la izquierda radical Jean-Luc Mélenchon acusó al gobierno de fallas de organización que «abrieron la puerta al caos».
Las protestas por la vivienda y el costo de la vida también se han extendido a Lisboa y Milán, y hubo movilizaciones en España, Italia y Portugal.

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